La propiedad en el siglo XXI: ¿derecho individual o concesión estatal?

Iván Cabrera
30/08/2025

En el siglo XXI, la noción de propiedad privada atraviesa un proceso de transformación y cuestionamiento profundo. Tradicionalmente concebida como un derecho inalienable, hoy se observa cada vez más como un usufructo otorgado y regulado por el Estado. Casas, tierras, empresas, cuentas bancarias e incluso bienes digitales se encuentran sujetos a mecanismos legales y administrativos que permiten su embargo, tributación o confiscación.

Este fenómeno responde a la lógica de los Estados modernos, que buscan garantizar el orden social y la redistribución de la riqueza a través de sistemas fiscales y jurídicos. Sin embargo, la consecuencia es clara: la propiedad privada ya no constituye un refugio inviolable, sino un espacio condicionado por la autoridad pública. Todo ciudadano disfruta de sus bienes bajo la premisa de que éstos pueden ser gravados, requisados o limitados en nombre de un bien mayor, como la justicia social, la seguridad o la estabilidad económica.

Los defensores de este modelo argumentan que la intervención estatal es necesaria para equilibrar desigualdades y evitar la concentración excesiva de riqueza. Desde su perspectiva, los impuestos y las regulaciones permiten financiar servicios públicos esenciales y sostener el contrato social que cohesiona a la comunidad. Por el contrario, sus críticos señalan que esta visión erosiona las libertades individuales y convierte a los ciudadanos en meros arrendatarios del Estado, dependientes de su benevolencia y sometidos a la incertidumbre de cambios políticos.

El debate no es nuevo, pero se intensifica en la era digital, donde incluso los activos intangibles —como datos personales, criptomonedas o derechos de autor en plataformas digitales— están sujetos a regulación y vigilancia estatal. En este sentido, la pregunta que surge es si la propiedad sigue siendo un derecho natural o si, en la práctica, se ha reducido a un privilegio temporal bajo el control de las instituciones gubernamentales.

En definitiva, el siglo XXI redefine lo que significa "poseer". En un mundo globalizado e hiperregulado, el individuo se enfrenta a una paradoja: disfruta de sus bienes, pero siempre bajo la sombra del poder estatal que, llegado el caso, puede limitar o revocar ese disfrute. Así, la propiedad deja de ser un derecho absoluto para convertirse en una concesión condicional, reflejo del delicado equilibrio entre libertad individual y autoridad pública.

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