En cada rincón del mundo, hay personas que sueñan con un futuro mejor. Madres y padres que trabajan sin descanso, jóvenes llenos de esperanza por estudiar y crecer, familias que anhelan un hogar digno. Pero esos sueños, a menudo, se ven atrapados en las garras de la usura. Los bancos y financieras que prometen soluciones terminan siendo verdugos que ahogan vidas con intereses abusivos y condiciones imposibles.
La usura no es solo un abuso; es una forma de opresión. Es ver a quienes menos tienen pagar mucho más. Es presenciar cómo un pequeño préstamo se transforma en una cadena pesada, arrastrando con él la tranquilidad, la dignidad y, muchas veces, hasta los sueños más básicos.
No es justo. No es humano.
A cada cobro injusto, a cada cláusula escondida, a cada interés impagable, decimos basta. Basta de enriquecerse a costa de la desesperación. Basta de convertir la esperanza en una trampa. Basta de jugar con la vida de quienes solo quieren salir adelante.
Es hora de alzar la voz. De exigir leyes que protejan, no que perpetúen el abuso. De construir sistemas financieros al servicio de las personas, no de los bolsillos de unos pocos. Porque el dinero debe ser un medio, no un arma. Porque todos merecemos vivir sin miedo a que una deuda se convierta en un abismo.
Hoy, juntos, elegimos el camino de la justicia. Elegimos apoyar a quienes son víctimas de este sistema, educarnos y educar a otros para no caer en sus redes. Elegimos luchar por un futuro donde la palabra "préstamo" no sea sinónimo de esclavitud, sino de una oportunidad verdadera.
A los bancos y financieras que usan la necesidad como herramienta de abuso, les decimos: no nos van a callar. No nos van a vencer. Nuestra lucha es por los vulnerables, por los endeudados, por los que no tienen voz. Porque donde hay solidaridad, hay fuerza. Y donde hay fuerza, hay esperanza.
Sigamos adelante. Porque un mundo sin usura no es un sueño; es un derecho.