Iván Cabrera
17/11/2024
Donald Trump se ha autoproclamado como el presidente número 47 de los Estados Unidos, y los mercados han reaccionado con entusiasmo: el índice S&P 500 ha alcanzado máximos históricos, y el bitcoin también ha superado sus récords anteriores. En este análisis, revisaremos las principales directrices económicas de la nueva administración republicana y cómo podrían afectar nuestras finanzas y nuestras inversiones. Cabe mencionar que, además de la victoria presidencial, el Partido Republicano ha logrado una mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo que le asegura al menos dos años de control total para implementar sus políticas económicas y otras iniciativas. Este panorama podría beneficiar a ciertos sectores y tipos de activos, mientras que otros podrían no salir tan favorecidos.
Trump ha anunciado tres líneas clave de acción económica que marcan su administración, orientada al crecimiento empresarial y el progreso económico. La primera de estas medidas es una reducción de impuestos significativa para empresas y ciudadanos. De hecho, Trump ya había rebajado el impuesto de sociedades del 35% al 21% durante su mandato anterior, y ahora planea reducirlo aún más, hasta un 15%, para las empresas que operen en Estados Unidos. También promete deducciones importantes para la mayoría de los ciudadanos, lo que, según sus defensores, permite que tanto empresas como personas tengan más capital para ahorrar, invertir y consumir. Para las compañías, esto podría implicar mayores retornos para los accionistas, mejores salarios para los empleados o más inversión en crecimiento. Este ambiente fiscal favorable podría estimular a muchas empresas a trasladarse o iniciar sus operaciones en Estados Unidos, reforzando la economía interna.
Sin embargo, esta política fiscal tiene un punto crítico: si los impuestos bajan sin reducir el gasto público, el déficit puede aumentar, lo que podría generar inflación y disparar la deuda. Esto es particularmente relevante dado que Trump ha abogado repetidamente por reducir las tasas de interés para hacer frente a la deuda, aunque esto también podría incrementar la inflación. Por otro lado, ha nombrado a Elon Musk como líder de un nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), cuyo objetivo será recortar gastos y reducir el endeudamiento. Aun así, existen dudas sobre si será posible equilibrar la bajada de impuestos con el control de la deuda, ya que Trump ha mostrado preferencia por el endeudamiento como herramienta para impulsar el crecimiento económico.
Otra de las prioridades de la administración es la desregulación, con la intención de eliminar normativas que, según Trump, frenan la inversión y el desarrollo tecnológico. Históricamente, la desregulación se asocia con mayores niveles de innovación y productividad, factores clave en el crecimiento económico. Esto podría atraer a más empresas a Estados Unidos, donde enfrentarían menos obstáculos burocráticos. Entre los sectores que podrían beneficiarse de esta desregulación están el energético, especialmente en petróleo y gas, y el tecnológico, incluyendo criptomonedas, inteligencia artificial y servicios financieros. Esto también podría traducirse en precios de energía más bajos, lo cual sería favorable para la inflación.
La tercera medida económica relevante es la posible imposición de aranceles elevados a productos importados, especialmente los provenientes de China, donde podrían alcanzar hasta un 60%. Aunque la intención es proteger el empleo local, en una economía liberal esta medida puede ser inflacionaria, ya que limita el acceso a productos extranjeros que podrían ser más asequibles o de mejor calidad. Se estima que estas tarifas podrían incrementar la inflación en aproximadamente un 1% anual, reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos. Sin embargo, algunos consideran que Trump utiliza estas propuestas arancelarias para ganar poder en negociaciones sobre temas clave como el desarrollo de energía nuclear, comercio y migración.
En conclusión, esta administración republicana busca fortalecer la economía estadounidense a través de una combinación de recortes fiscales, desregulación y políticas comerciales proteccionistas. Sin embargo, estos planes podrían tener tanto efectos positivos, como el crecimiento económico, como riesgos, incluyendo el aumento de la deuda y la inflación.