Lo que nos depara el 2025

Iván Cabrera
26/11/2024

Cuando el reloj marque las 12, el mundo parecerá contener la respiración. No será la medianoche del 31 de diciembre, sino el amanecer de 2025, un año que se perfila como complejo y transformador. Desde el riesgo de un conflicto nuclear hasta los efectos de la inteligencia artificial en el empleo y las consecuencias del ahogo por deuda global, el panorama es incierto. Como cada año, The Economist presenta una portada que no es solo una ilustración, sino un análisis de la geopolítica, economía y sociedad mundial. ¿Logra capturar la complejidad de nuestra realidad? Vamos a desglosarlo.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca se perfila como un evento político clave. La portada lo muestra como un presagio de cambios en el orden global, con su política "America First" amenazando alianzas tradicionales y el equilibrio geopolítico. Su reelección podría desencadenar tensiones, como mayores aranceles que afectarían no solo a China, sino también a aliados tradicionales como la Unión Europea, Japón y México.

En el ámbito internacional, el "caos" descrito por The Economist señala a China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Sin embargo, detrás de este término se esconden estrategias claras: China avanza con su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda; Rusia busca revalidar su estatus de superpotencia, mientras que Irán y Corea del Norte siguen siendo focos de tensión global. Estos actores desafían un sistema internacional debilitado por la falta de cooperación multilateral.

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial emerge como una fuerza transformadora, pero también genera incertidumbre. Aunque las inversiones globales en esta tecnología son colosales, muchas empresas todavía luchan por integrarla. Esto plantea dudas: ¿es una burbuja tecnológica o el inicio de una revolución real? Los avances en áreas como la medicina son prometedores, pero la automatización masiva también podría generar desempleo a gran escala.

A pesar de abordar temas cruciales, la portada de The Economist omite retos como el cambio climático y la creciente desigualdad global. El cambio climático, considerado un desafío existencial, no ocupa un lugar destacado en su análisis. Mientras tanto, las economías en desarrollo enfrentan crisis de deuda, y la brecha entre ricos y pobres amenaza la estabilidad social. Tampoco se aborda el retroceso democrático, evidente en la erosión de libertades y el auge del autoritarismo en todo el mundo.

En este contexto, el 2025 será un año que podría marcar el inicio de grandes transformaciones. Pero dependerá de nosotros moldear ese futuro a través de la cooperación global y el fortalecimiento de nuestras democracias. Es un momento de crisis, sí, pero también una oportunidad para un cambio positivo. Sin embargo, una sociedad desinformada y apática será incapaz de enfrentar estos desafíos. La clave estará en recuperar el espíritu crítico y la consciencia colectiva.

Al final, el reloj no debería marcar el fin de algo, sino el inicio de un cambio. Pero si no actuamos, corremos el riesgo de que todo continúe igual.

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