Cerca la llegada del Euro Digital (CBDC)

Iván Cabrera
22/11/2024

En los años 30, durante la Gran Depresión, una empresa estadounidense comenzó a producir monedas de chocolate destinadas al comercio. Estas monedas, fabricadas por Scraft Chocolate Company, se usaban principalmente en cines para adquirir palomitas y otros refrigerios. Aunque no eran una moneda oficial, resultaron ser una solución creativa ante la escasez de efectivo de la época. Hechas exclusivamente de chocolate con leche de alta calidad, estas monedas del tamaño de un dime llevaban grabada la imagen de George Washington en una cara y el logotipo de la empresa en la otra. Además, se presentaban en un estuche diseñado para guardarse en la cartera.

Con el tiempo, estas monedas se empezaron a usar en restaurantes y tiendas de regalos. La empresa incluso fabricó versiones cuyo valor estaba relacionado con el precio del oro, haciendo que su equivalencia fluctuara con este. Sin embargo, no era que cada moneda valiera su peso en oro, sino que el patrón de oro servía para regular el valor. La producción masiva resultaba costosa, lo que evitaba la saturación del mercado.

Lo interesante de estas monedas es cómo los usuarios les atribuyeron un valor superior al que realmente tenían, creando una red descentralizada de intercambio. Esto contrastaba con los bonos nominativos a valor futuro ofrecidos por instituciones de ayuda, que estaban mucho más controlados. Muchos optaron por este sistema alternativo, valorando la privacidad que ofrecía.

Este tipo de fenómeno tiene paralelismos con debates actuales sobre monedas digitales emitidas por bancos centrales (CBDC) y su impacto en la privacidad. Recientemente, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, subrayó la necesidad de un marco legislativo para el euro digital, destacando que garantizaría pagos denominados en euros, aunque no ofrecería anonimato total como el efectivo. Lagarde afirmó que los pagos son un bien público y que la emisión de un euro digital respondería a objetivos de política pública.

Sin embargo, estas monedas digitales han generado opiniones divididas. Mientras algunos ven en ellas el futuro del dinero y los pagos, otros advierten sobre riesgos como la pérdida de privacidad y el control excesivo por parte de los gobiernos. Algunos expertos critican que las CBDC no resuelven problemas reales, y otros instan a los bancos centrales a reconsiderar sus motivaciones.

El debate sigue abierto mientras más del 90 % de los bancos centrales a nivel global avanzan en proyectos de monedas digitales. Aunque prometen innovaciones, estas iniciativas también plantean preocupaciones sobre el rastreo de transacciones, la imposición de restricciones al uso del dinero y la vinculación de este con datos personales. Ante este panorama, quizá sea un buen momento para buscar unas monedas de chocolate, recordando un tiempo en el que el valor era definido por quienes las utilizaban.

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