Iván Cabrera
16/06/2025
Los bancos han desarrollado estrategias sutiles y sofisticadas para extraer ingresos adicionales de sus clientes sin que estos lo perciban claramente. Una práctica común es la inclusión de cargos ocultos en servicios aparentemente gratuitos, como mantener una cuenta abierta o realizar transferencias básicas. Estos cargos suelen estar escondidos en la letra pequeña de los contratos, en términos difíciles de comprender o en documentos extensos que muy pocos clientes leen en detalle. A menudo, estas tarifas se justifican con tecnicismos o condicionantes específicos que la mayoría de las personas ignoran hasta que observan una reducción inesperada en sus saldos.
Otra técnica frecuentemente utilizada por las entidades bancarias es el cobro exagerado de intereses y comisiones por retrasos mínimos o por transacciones aparentemente sencillas, como retiros en cajeros automáticos ajenos a su red. Aunque estas comisiones pueden parecer insignificantes a primera vista, a largo plazo representan ganancias millonarias para los bancos y pérdidas considerables para los consumidores. Además, algunos bancos aplican intereses compuestos sobre deudas menores de manera recurrente, lo cual provoca que pequeñas sumas adeudadas crezcan exponencialmente, atrapando a los clientes en ciclos de deuda difíciles de romper.
Además, muchos bancos implementan sistemas de venta cruzada agresivos en los que empujan a sus clientes a adquirir productos financieros innecesarios o poco beneficiosos, como seguros con cobertura limitada o tarjetas de crédito con tasas elevadas. Estas ventas son presentadas como beneficios adicionales o promociones exclusivas, pero en realidad solo incrementan el endeudamiento y generan beneficios extra para las entidades financieras. Incluso llegan a utilizar técnicas psicológicas que apelan al sentido de urgencia o miedo para inducir la compra inmediata de estos productos, comprometiendo la capacidad financiera de los clientes a largo plazo.
La manipulación en la información sobre los créditos es otra de las estrategias más cuestionadas. Muchas veces, los bancos destacan las cuotas iniciales bajas o promociones temporales para captar clientes, pero ocultan claramente el costo total del crédito, haciendo que los consumidores paguen significativamente más al finalizar el periodo del préstamo. Esta táctica genera una falsa sensación de accesibilidad económica que termina en sobreendeudamiento y dificultades financieras para muchas personas. Además, los términos del crédito pueden cambiar sin previo aviso debido a cláusulas ambiguas, aumentando las cuotas o aplicando tasas adicionales que no fueron comunicadas claramente al momento de la contratación.
Por otro lado, la falta de transparencia en las inversiones recomendadas a los clientes constituye otra forma de estafa financiera sutil. Algunos bancos promueven productos de inversión complejos y riesgosos sin proporcionar una asesoría clara y completa sobre los riesgos implicados, lo que lleva a los clientes a perder importantes sumas de dinero, mientras las instituciones financieras reciben comisiones elevadas por gestionar estos productos. Los bancos a menudo ocultan conflictos de interés en estos casos, recomendando productos financieros propios o aquellos que generan mayores ingresos por comisiones, independientemente de si se adaptan verdaderamente a las necesidades y al perfil de riesgo del cliente.
Otra práctica cada vez más común es el aprovechamiento de la digitalización de los servicios bancarios para introducir cargos adicionales en forma de "tarifas de servicio digital" o por el uso de ciertas funciones en las aplicaciones móviles. Estas tarifas, justificadas bajo el pretexto de innovación tecnológica y comodidad, suelen acumularse lentamente en pequeños montos que pasan inadvertidos, generando así ingresos constantes para los bancos. Esta estrategia se acompaña de una reducción deliberada en la atención personal en oficinas, obligando indirectamente a los clientes a usar estos servicios digitales, lo cual facilita aún más la aplicación de estas tarifas escondidas.
Además, muchos bancos aplican políticas arbitrarias en la asignación de límites de crédito o sobregiros, aumentando deliberadamente las posibilidades de que los clientes excedan su capacidad financiera. Este mecanismo, que supuestamente está diseñado para ofrecer mayor flexibilidad financiera, en realidad busca generar ingresos adicionales mediante altas comisiones e intereses por sobregiro. Es frecuente también que estos límites sean modificados unilateralmente por la institución financiera sin consentimiento explícito del cliente, ocasionando situaciones imprevistas de endeudamiento.
La venta de seguros asociados a préstamos y tarjetas es otra práctica altamente rentable para los bancos, ya que estos seguros rara vez benefician significativamente al cliente, pero aumentan considerablemente el costo total del servicio financiero. Muchos clientes terminan contratando estos seguros por presión directa del banco o porque creen, equivocadamente, que son obligatorios o indispensables. En muchos casos, la cobertura real es mínima y las cláusulas para activar dichos seguros son complejas o casi imposibles de cumplir, lo que asegura ingresos constantes sin riesgos para el banco.
Finalmente, los bancos suelen aprovecharse de la poca educación financiera generalizada entre la población, dificultando deliberadamente la comprensión de productos bancarios básicos mediante la complejidad en su terminología y condiciones. La falta de claridad intencional fomenta el desconocimiento del cliente sobre sus derechos y obligaciones reales, lo que limita su capacidad para defenderse ante abusos o prácticas poco éticas por parte de las instituciones financieras. Esto crea un entorno propicio para que las entidades financieras mantengan prácticas engañosas durante períodos prolongados sin enfrentar consecuencias significativas, mientras los consumidores ven afectado su bienestar financiero sin poder identificar plenamente cómo y por qué.