El Dinero emitido por los Bancos es Deuda Impagable

Iván Cabrera
02/03/2025

El sistema monetario actual se basa en la emisión de dinero por parte de los bancos centrales y comerciales, un proceso que implica la creación de deuda en el momento en que el dinero entra en circulación. Cada unidad monetaria emitida surge a partir de un préstamo, lo que significa que está acompañada de una obligación de devolución con intereses. Este mecanismo genera un problema estructural, ya que el dinero necesario para pagar los intereses de la deuda nunca se emite, lo que crea una brecha constante entre la cantidad total de dinero en circulación y la suma de las obligaciones financieras.

Dado que los bancos crean dinero al otorgar préstamos, la única manera de que haya suficiente dinero en la economía para pagar las deudas existentes es mediante la emisión de nuevos créditos. Esto provoca un ciclo continuo en el que las economías dependen del endeudamiento para mantener su funcionamiento. Como resultado, el sistema financiero exige un crecimiento perpetuo para evitar el colapso, lo que inevitablemente conduce a crisis recurrentes cuando las deudas acumuladas superan la capacidad de pago de los deudores.

El carácter impagable de la deuda surge porque, aunque se pueda devolver el capital prestado, el dinero adicional requerido para cubrir los intereses no está presente en la economía, salvo que se creen nuevos préstamos. Esto significa que, a nivel macroeconómico, la insolvencia es una característica inherente del sistema, no una anomalía. Los impagos y las quiebras no son accidentes, sino consecuencias naturales del diseño del sistema monetario basado en deuda.

Este modelo también genera una concentración progresiva de la riqueza, ya que los intereses sobre la deuda se pagan a los bancos y a los grandes acreedores, quienes terminan acumulando una porción desproporcionada de los recursos económicos. Mientras tanto, los ciudadanos y las empresas productivas deben trabajar cada vez más para mantenerse al día con sus obligaciones financieras, en un juego donde las reglas les desfavorecen estructuralmente.

El crecimiento forzado que impone este sistema monetario tiene efectos devastadores sobre el medio ambiente y el bienestar social. La búsqueda incesante de expansión económica lleva a la sobreexplotación de los recursos naturales, el aumento de la desigualdad y la precarización del empleo. Las decisiones económicas dejan de responder a las necesidades reales de la sociedad y se orientan en función de la rentabilidad de los bancos y las grandes corporaciones.

A pesar de su evidente disfuncionalidad, el modelo persiste porque beneficia a quienes detentan el poder financiero. Las políticas económicas de los gobiernos suelen estar alineadas con los intereses de los bancos, asegurando que el endeudamiento continúe siendo la base de la actividad económica. Las alternativas, como la creación de dinero sin deuda o los sistemas de monedas complementarias, son marginadas y raramente consideradas en los debates políticos y académicos.

El reconocimiento de que el dinero emitido por los bancos es deuda impagable debería llevar a una reflexión profunda sobre la sostenibilidad del sistema económico actual. Reformas como la nacionalización de la emisión monetaria, la eliminación del interés en la creación de dinero o la promoción de economías locales podrían ofrecer soluciones viables para escapar del ciclo de endeudamiento perpetuo. Sin embargo, cualquier cambio real requeriría una transformación radical en la manera en que entendemos y gestionamos el dinero en nuestras sociedades.

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