Iván Cabrera
30/12/2024
Estamos en un momento complejo. El mundo unipolar, con Estados Unidos en la cima, está transitando hacia un modelo multipolar, donde varios poderes compiten por influencia. Ya no es solo una cuestión entre Estados Unidos y China; incluso Europa busca adaptarse a este nuevo escenario. Esto indica claramente que el imperio estadounidense está en declive. Podemos ignorarlo, negarlo o fingir que no ocurre, pero la historia demuestra que la negación nunca ha sido una estrategia efectiva para ningún imperio. Recordemos el caso del Imperio británico: vivieron en negación durante mucho tiempo, y aún hoy muchos no aceptan que su antiguo esplendor es solo un recuerdo, simbolizado por eventos ceremoniales que carecen de relevancia real.
De manera similar, Estados Unidos enfrenta esta realidad. Su imperio, cimentado en el capitalismo, atraviesa una fase de declive, y aunque esto afecta profundamente a la sociedad, es difícil hablar de ello abiertamente. Como señalan los psicólogos, superar un trauma requiere enfrentarlo, algo incómodo y difícil de hacer. Este proceso de ajuste explica fenómenos como el auge del "trumpismo" y movimientos como Make America Great Again, que reflejan el deseo de evitar aceptar que el imperio está en decadencia. La clase trabajadora se resiste a reconocerlo, buscando distracciones o líderes que prometan un regreso a la grandeza. Sin embargo, la preocupación permanece latente, alimentada por eventos globales y noticias que revelan la nueva realidad.
En este contexto, la guerra en Ucrania también evidencia los límites del poder estadounidense. La estrategia de sancionar severamente a Rusia no dio los resultados esperados; en lugar de colapsar, Rusia redirigió sus recursos a China y otros aliados, mientras Europa sufrió las consecuencias de la falta de energía barata. Este fracaso subraya cómo los líderes occidentales no han entendido los profundos cambios en la economía global, impulsados por el ascenso de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo PIB combinado ya supera al del G7. Los países ahora tienen opciones alternativas para financiar proyectos o comerciar, volviéndose hacia economías emergentes como China y la India.
China, por su parte, ha optado por un enfoque diferente, evitando la construcción de un imperio clásico y abogando por un modelo multipolar, según lo ha expresado su líder, Xi Jinping. Aunque queda por ver si esto se mantendrá a largo plazo, plantea una organización global distinta a los antiguos imperios. Mientras tanto, en Estados Unidos no se ha preparado a la población para esta transición, lo que genera desconcierto y angustia en una sociedad acostumbrada al dominio global.
En este nuevo escenario, el lema de Trump resuena porque apunta a una sensación de pérdida, un eco de derrotas pasadas como las de Vietnam, Irak y Afganistán. Estas señales de declive, similares a las enfrentadas por el Imperio Romano, indican un ajuste inevitable en un mundo en transformación. Aunque figuras como Trump aprovecharon inicialmente este sentimiento, su mensaje ha perdido fuerza al no ofrecer soluciones reales. Ahora, el país busca líderes optimistas y energéticos que inspiren esperanza, reflejando un deseo de renovación.
Sin embargo, el problema de fondo persiste. La desigualdad económica sigue cargando el peso del declive sobre las clases media y baja, mientras las élites protegen sus privilegios. Si no se logra un acuerdo justo que reparta las cargas, el sistema corre el riesgo de colapsar, dando paso a modelos autoritarios. Este dilema no es nuevo: desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido la principal potencia económica y militar, respaldada por la hegemonía del dólar como moneda global.
Pero hoy, ese dominio se tambalea frente a un nuevo orden mundial liderado por los BRICS y el crecimiento sostenido de China.
El desafío está claro: ¿puede Estados Unidos reinventarse y adaptarse para seguir siendo un líder global, o estamos presenciando el surgimiento de un nuevo equilibrio global que cambiará para siempre el panorama económico y político del mundo?