Una nación fracasada con los líderes más incompetentes de su historia

Iván Cabrera
07/11/2024

Después de lo que presenciamos hoy en Valencia, en la catástrofe que golpea toda la región del Levante español, tras ver a tantas personas, incluidos creadores de contenido como Rubén Gisbert y otros, desplazarse a Valencia para ayudar y, a la vez, expresar el abandono que sienten las víctimas, siento que debo decir algo. Hoy, más que nunca, es evidente la desconexión monumental entre una parte de la política y la realidad de la gente.

Mientras las personas afectadas siguen buscando a sus seres queridos y recuperando lo poco que ha quedado, en el Congreso de los Diputados se canceló el pleno de control al gobierno, pero se mantuvo la designación de los miembros del consejo de RTVE y una subida en el precio del gasóleo. Las prioridades de quienes nos representan parecen tan lejanas, y la desconexión entre el gobierno y la realidad de la gente es abrumadora.

Incluso algunos diputados valencianos, quienes deberían ser la voz de sus comunidades, permanecieron en sus escaños mientras sus vecinos luchan por recuperar sus vidas. Es desgarrador ver que, en medio del dolor de sus propios pueblos, permanecen ajenos a esta tragedia humanitaria, mostrando una falta de empatía y cercanía que resulta asombrosa. Los problemas de la gente parecen haber dejado de importarles.

Esta desconexión no es nueva, pero hoy es más visible que nunca. Mientras las calles de Valencia y otras ciudades siguen cubiertas de lodo, los ciudadanos se ven obligados a hacer largas colas solo para recibir agua y comida, recursos tan básicos que deberían estar asegurados. La gente está agotada, desplazándose kilómetros en busca de ayuda, y mientras tanto, el gobierno parece estar más ocupado en agendas políticas que en prestar apoyo urgente.

España cuenta con una gran cantidad de efectivos en sus fuerzas de seguridad y el ejército, y aun así, el despliegue en esta zona de desastre ha sido mínimo. La ayuda llega con cuentagotas, y la respuesta es desesperadamente insuficiente frente a una tragedia de estas dimensiones. Es desgarrador ver cómo quienes tienen el poder para cambiar las cosas se mantienen distantes y desconectados de la crisis.

Muchos valencianos, héroes anónimos, han dejado todo para socorrer a sus vecinos, y ver su sacrificio nos llena de orgullo, mientras el abandono institucional resulta cada vez más evidente. La gente vive hoy en una especie de estado de guerra, en un país con fondos y recursos que parecen inalcanzables en estos momentos de urgencia. Y los discursos vacíos sobre el “cambio climático” se convierten en palabras huecas frente a la falta de acciones concretas.

Todo este desastre revela la distancia abismal entre la política y la ciudadanía. La falta de sensibilidad y empatía de un gobierno que promete millones, mientras muchos afectados aún viven en condiciones precarias años después de desastres pasados, es desgarradora. Y este momento, tan doloroso y evidente, quedará grabado en nuestra memoria como un recordatorio de la enorme desconexión que existe entre quienes nos gobiernan y la gente que sufre las consecuencias de su indiferencia.

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