Iván Cabrera
06/01/2025
En los últimos meses, China ha intensificado significativamente su rivalidad económica con Estados Unidos, concentrándose esta vez directamente en el dólar estadounidense. Este enfrentamiento, que ha evolucionado de una competencia económica general a un enfoque específico sobre la moneda de reserva global, está marcando un nuevo capítulo en las tensiones entre ambas potencias. Las instituciones financieras chinas han incrementado sustancialmente sus posiciones cortas contra el dólar, en una estrategia diseñada para beneficiarse de una posible depreciación de la moneda estadounidense. Este movimiento audaz ha llevado a los bancos chinos a invertir más de 100,000 millones de dólares en estas posiciones, lo que subraya la magnitud de la apuesta y la importancia que Beijing otorga a esta iniciativa. La estrategia se fundamenta en el uso de herramientas financieras avanzadas, particularmente los swaps de divisas extranjeras, instrumentos que permiten a los bancos chinos apostar en contra del dólar con precisión y eficiencia. Estos swaps funcionan permitiendo el intercambio de yuanes por dólares a un tipo de cambio predeterminado, y si el valor del dólar disminuye al finalizar el contrato, los bancos chinos obtienen beneficios significativos, ya que sus contrapartes estadounidenses deben pagar más yuanes.
La escala de estas actividades ha crecido notablemente, con informes que señalan que los bancos estatales chinos han acumulado más de 100,000 millones de dólares en posiciones cortas. Esta táctica se enmarca dentro de un esfuerzo más amplio por estabilizar el yuan sin agotar las valiosas reservas extranjeras del país, un recurso crítico en la estrategia económica de China. El yuan, una pieza central de la economía china, ha estado bajo presión por múltiples factores. Por un lado, las políticas monetarias agresivas implementadas por la Reserva Federal de Estados Unidos han fortalecido al dólar, dificultando las exportaciones y presionando a otras monedas. Por otro lado, la economía china está enfrentando un enfriamiento significativo, lo que genera incertidumbre tanto a nivel interno como externo. En este contexto, los swaps de divisas se han convertido en una herramienta clave para los bancos chinos, permitiéndoles no solo gestionar el riesgo, sino también obtener rendimientos durante períodos de alta volatilidad en el mercado. Estos rendimientos, que han alcanzado hasta un 6% para los operadores involucrados, representan un alivio financiero en un panorama económico cada vez más desafiante.
Además de los swaps de divisas, los bancos chinos han comenzado a vender dólares estadounidenses a cambio de yuanes, en lo que se considera una intervención más amplia para apoyar la estabilidad de su moneda. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el yuan sufrió en 2024 su mayor caída anual frente al dólar en décadas, un indicio claro de los desafíos económicos y financieros que enfrenta China. En el corazón de esta estrategia se encuentra el Banco Central de China, que desempeña un papel crucial en la defensa del yuan en un entorno global dominado por un dólar fuerte y una desaceleración del crecimiento interno. Una de las tácticas clave del banco central ha sido reducir la cantidad de yuanes en circulación a través de intercambios, una medida destinada a estabilizar el valor de la moneda sin recurrir al uso excesivo de las reservas extranjeras. Sin embargo, el fortalecimiento continuo del dólar en 2024, impulsado por la salida de capitales y el retiro de inversiones internacionales de China, ha complicado aún más el panorama.
A pesar de estos obstáculos, el gobierno chino no ha retrocedido en sus esfuerzos. Beijing ha demostrado su compromiso mediante una serie de medidas audaces, como la fusión de dos corredoras estatales para formar una entidad financiera con activos por valor de 230,000 millones de dólares. Esta fusión no solo busca mejorar la eficiencia y competitividad de su sector financiero, sino también sentar las bases para el desarrollo de bancos de inversión de clase mundial capaces de rivalizar con las instituciones estadounidenses más grandes y establecidas. Bajo el liderazgo del presidente Xi Jinping, estas reformas financieras forman parte de un mandato personal más amplio que tiene como objetivo reconfigurar la arquitectura financiera global. Reducir la dependencia de China de los mercados estadounidenses es un elemento central de esta visión, pero también implica riesgos considerables. Si el dólar continúa fortaleciéndose, las instituciones financieras chinas podrían enfrentar pérdidas significativas, que algunos estiman entre 5,000 y 16,000 millones de dólares. Sin embargo, lejos de abandonar su estrategia, Beijing ha reafirmado su compromiso de consolidar su posición económica global, incluso en un contexto de desafíos importantes.
Mientras tanto, Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos para contrarrestar a China, implementando barreras comerciales y fomentando que las empresas diversifiquen sus cadenas de suministro para reducir su dependencia de los mercados chinos. Estas medidas han ampliado aún más la brecha geopolítica y económica entre ambas naciones, transformando lo que alguna vez fue una relación económica profundamente integrada en una postura cada vez más adversarial. Este cambio tiene implicaciones de gran alcance para los mercados financieros globales, ya que la competencia entre estas dos potencias está reconfigurando las dinámicas económicas a nivel internacional.
Un aspecto crucial de la estrategia de China es su movimiento hacia la "desdolarización", una iniciativa que busca reducir la dependencia del dólar estadounidense en el comercio y las finanzas internacionales. Este enfoque ha ganado fuerza en los últimos años, reflejando la intención de China de diversificar sus opciones económicas y reforzar su independencia financiera. En este contexto, el yuan renminbi ha adquirido un protagonismo sin precedentes en las transacciones internacionales. En marzo de 2024, el yuan representó el 53% de los pagos transfronterizos de China, superando al dólar estadounidense, que quedó en el 43%. Este cambio significativo resalta el creciente papel del yuan en el comercio global, un desarrollo que era impensable hace una década, cuando en 2010 el yuan se utilizaba en menos del 1% de las transacciones internacionales. Países como Brasil y Argentina también han adoptado el yuan en sus intercambios comerciales, lo que refuerza aún más este movimiento.
En paralelo, China ha reducido drásticamente sus tenencias de bonos del Tesoro de Estados Unidos, vendiendo 53,000 millones de dólares en deuda estadounidense solo en el primer trimestre de 2024. Desde 2021, las ventas acumuladas han alcanzado los 300,000 millones de dólares, lo que refleja un alejamiento estratégico del dólar como moneda de reserva principal. Este movimiento está alineado con los esfuerzos de China para fortalecer el yuan y diversificar sus reservas, incrementando notablemente sus reservas de oro. Actualmente, el oro representa el 5% de las tenencias totales de reservas de China, el nivel más alto desde 2015, y simboliza un refugio seguro frente a la volatilidad asociada con los activos denominados en dólares.
Simultáneamente, el bloque BRICS ha desempeñado un papel central en la promoción del uso de monedas locales en el comercio y las finanzas internacionales, desafiando directamente el dominio global del dólar. Este bloque, que ahora representa una proporción mayor del PIB global que el G7, ha propuesto sistemas de pago basados en blockchain para facilitar el comercio en monedas locales. Estas innovaciones no solo cuestionan la primacía del dólar, sino que también subrayan el compromiso colectivo de los BRICS de realinear el sistema financiero global hacia una estructura más multipolar. Además, el uso del dólar como herramienta geopolítica, ejemplificado por las sanciones económicas contra países como Rusia e Irán, ha llevado a estas naciones, junto con otras, a buscar alternativas viables para sus operaciones financieras y comerciales. Este esfuerzo colectivo refleja un cambio fundamental en las dinámicas globales, ya que las economías emergentes buscan aislarse de las políticas estadounidenses y minimizar su exposición a las vulnerabilidades asociadas con el dólar.
La tendencia hacia la desdolarización está ganando fuerza en todo el mundo, particularmente entre las naciones del sur global. Este movimiento no solo refleja un intento de reducir la influencia geopolítica del dólar, sino también una respuesta estratégica a las sanciones económicas y a la necesidad de diversificación financiera. En última instancia, este cambio hacia una economía global menos dependiente del dólar tiene el potencial de reconfigurar profundamente el panorama económico y geopolítico del siglo XXI.