Iván Cabrera
05/12/2024
Una CBDC (Central Bank Digital Currency), o moneda digital emitida por un banco central, es una versión digital del dinero fiduciario respaldada y emitida por la autoridad monetaria de un país. Este tipo de moneda tiene valor de curso legal en su territorio, similar a monedas tradicionales como el dólar, el euro o el yuan, pero adaptada al entorno digital. A diferencia de las criptomonedas como Bitcoin, las CBDC no son descentralizadas, sino que están bajo el control directo de los bancos centrales. Se consideran una respuesta de los gobiernos a la creciente popularidad de las criptomonedas y su impacto en el sistema financiero tradicional, buscando preservar el control económico y financiero.
Actualmente, muchos países están investigando o implementando versiones de estas monedas digitales en un mundo donde el efectivo está siendo reemplazado progresivamente por opciones electrónicas. Sin embargo, esto plantea preocupaciones sobre la libertad y privacidad de los ciudadanos, ya que las CBDC pueden ser completamente programables, permitiendo a los gobiernos rastrear y controlar transacciones de formas nunca vistas antes. El Grupo de los Siete (G7), que incluye a los principales bancos centrales como el Banco de Inglaterra, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, trabaja en conjunto bajo el Banco de Pagos Internacionales (BIS) para desarrollar estas monedas.
En el caso de China, el yuan digital es un ejemplo destacado de esta tendencia. Este sistema está totalmente controlado por el Banco Popular de China y excluye a los circuitos privados. Ofrece funcionalidades como la programación de vencimientos del dinero y restricciones en su uso, lo que podría incentivar el consumo bajo ciertas condiciones. Este modelo está siendo observado como un posible referente para otros países.
Sin embargo, las CBDC presentan riesgos significativos. Su implementación puede limitar el anonimato en las transacciones y dar lugar a un mayor control gubernamental sobre el uso del dinero. Aunque se argumenta que podrían ofrecer beneficios como costos de emisión reducidos y nuevos incentivos económicos, también podrían provocar una pérdida de confianza si no se garantizan derechos básicos como la privacidad.
En contraste, Bitcoin se posiciona como una alternativa diferente, más cercana a un activo real y digital. Su escasez programada, la irrevocabilidad de sus transacciones y su descentralización lo diferencian de las CBDC y otras criptomonedas. Bitcoin, concebido como una reserva de valor y un medio de ahorro, no depende de un emisor centralizado ni de promesas futuras para mantener su valor. En este sentido, algunos ven en él una herramienta para preservar la libertad financiera frente a la creciente digitalización centralizada.
En conclusión, el futuro de las finanzas parece estar dividido entre el control gubernamental de las CBDC y la descentralización de activos como Bitcoin. Este último, aunque enfrenta desafíos de adopción y comprensión, puede desempeñar un papel crucial en la protección de la privacidad y la autonomía económica en un mundo cada vez más controlado digitalmente. La clave estará en cómo los ciudadanos y las instituciones elijan utilizar estas herramientas en los años venideros.