El Cartel Bancario
Los bancos centrales, como representantes de la tecnocracia, continúan siguiendo su plan para combatir la inflación, el cual incluye aumentar los tipos de interés oficiales. A pesar de las pruebas empíricas que cuestionan la eficacia de este enfoque, se sigue adelante con él. Los aumentos de inflación recientes no se deben al sobrecalentamiento de la economía, sino a un fundamentalismo de mercado que se convirtió en la fuerza más poderosa en la política democrática occidental en la década de 1990. Se creó una serie de ofrendas y sacrificios en nombre del mercado, incluyendo la eliminación de la separación entre la banca comercial y la banca de inversión, la relajación de las regulaciones financieras y la promoción de la financiarización de la economía y los derechos humanos básicos.
La subida de los tipos de interés oficiales por parte de los bancos centrales para combatir la inflación está siendo aprovechada por las grandes empresas para aumentar aún más los precios y, por lo tanto, agravar la inflación. Las grandes empresas tienen un enorme poder de mercado, y sus márgenes han aumentado considerablemente. Esto es especialmente evidente en el sector bancario, donde ciertos bancos han crecido demasiado y representan un riesgo sistémico para la economía. A pesar de los rescates financieros, los bancos han seguido aumentando sus márgenes y extrayendo rentas de sus clientes.
Desde la Gran Recesión, se ha producido una distopía sin precedentes, donde la riqueza se ha concentrado en manos de una élite egoísta mientras la pobreza se extiende. La asignación ineficiente de recursos ha permitido que los beneficios y el capital imprudente sigan siendo subsidiados por el público. Los bancos centrales han subsidiado y protegido a la banca sistémica, que fue responsable de la crisis financiera de 2008, pero poco se ha hecho para corregir estas prácticas abusivas. Algunos se preguntan si la independencia de los bancos centrales ha alimentado al cartel bancario.