Iván Cabrera
19/11/2024
La clase media está perdiendo terreno, y la desigualdad sigue en aumento. La respuesta más inmediata consiste en reducir deudas y gastos, y aumentar el ahorro y la inversión. Recordemos que existen dos tipos de deuda: la destinada a inversión, que se considera "deuda buena" ya que sirve para adquirir activos que tienden a aumentar su valor, y la orientada al consumo, o "deuda mala", que financia gastos sin retorno y suele tener intereses altos.
Muchos consideran que la frugalidad es un signo de riqueza, aunque el término se confunde a menudo. "Frugal" viene del latín frugalis, que significa moderado y productivo, asociado a la obtención de frutos o ganancias, y connotaba sencillez en el consumo. Con el tiempo, frugalidad ha pasado a significar una gestión cuidadosa de los recursos, evitando despilfarros y promoviendo la eficiencia y simplicidad.
Hoy en día, ahorrar y moderarse parece una práctica de otra época, sobre todo después de la pandemia, cuando el consumo de experiencias y ocio ha desbordado el espacio para ahorrar e invertir. Esto puede ser reflejo de una visión menos previsora o de una pérdida de poder adquisitivo, que deja escaso margen para la inversión. Sin embargo, esta tendencia de consumir ahora y no ahorrar en lugar de invertir no se alinea con el aumento de los créditos al consumo, como los solicitados para vacaciones, que resultan cada vez más comunes.
Es importante recordar que, en tiempos de inflación, tanto individuos como gobiernos se enfrentan a grandes retos. En España, la deuda pública ha alcanzado niveles históricos, lo cual afecta seriamente las finanzas y pone presión sobre los recursos a largo plazo. Por ejemplo, en los primeros seis meses de 2024, el país emitió deuda por 151 mil millones de euros, mucho más de lo proyectado. Esto refleja la dificultad de mantener la estabilidad económica sin un endeudamiento excesivo, que se hace insostenible en un contexto de tipos de interés en aumento.
El fenómeno del endeudamiento también afecta a los ciudadanos, ya que, sin una cultura de ahorro y planificación financiera, las personas se exponen más a las crisis y son más vulnerables. Esto crea una dependencia económica que impide que las economías locales generen capital propio y se vuelvan autosuficientes. A nivel nacional, el incremento de los créditos de baja calidad ya afecta al bienestar financiero de muchas familias españolas, quienes cada vez tienen más dificultades para pagar sus créditos de consumo, que incluso superan las tasas de las hipotecas. Según el Banco de España, en el último semestre, los préstamos problemáticos han aumentado un 5,3%, reflejando una situación insostenible.
Algunos piensan que los bancos centrales pueden crear dinero indefinidamente para cubrir la deuda de los Estados, pero esto no es así. La emisión de moneda sin respaldo en una demanda real de dinero lleva a la inflación y, con ella, a una pérdida de valor de las pensiones y salarios. Es el valor de la moneda lo que determina el poder adquisitivo real. En economías como la venezolana, la emisión excesiva de moneda ha generado una depreciación tan severa que el dinero en circulación perdió prácticamente todo su valor.
Aunque los indicadores macroeconómicos sugieren un crecimiento, especialmente en el sector turístico, la economía real no refleja un panorama tan positivo. En España, alrededor del 26,5% de la población sigue en riesgo de pobreza y exclusión social. Según el informe AROPE de 2023, este índice aumentó ligeramente, afectando a unos 12,7 millones de personas. Esto pone de manifiesto que el aumento del costo de vida está incrementando la privación material entre las familias, quienes requieren cada vez más ayudas sociales para cubrir necesidades básicas. Aunque estas ayudas representan un logro en el ámbito de la protección social, su aumento también refleja una carencia en el crecimiento y la prosperidad.
En definitiva, la situación demanda un enfoque urgente en la educación financiera y en políticas que fomenten el ahorro y la inversión sobre el consumo inmediato y el endeudamiento a corto plazo. Sin un cambio en esta dirección, la dependencia de la deuda pública y privada seguirá incrementando la vulnerabilidad económica, tanto a nivel personal como a nivel nacional.