Durante esta semana ha ocurrido algo interesante, no porque sea inusual o inesperado, sino por la atención que ha generado. Normalmente, el FMI publica informes y estudios en los que proyecta cómo ve la economía global y desglosa sus análisis por países y regiones. Sin embargo, esta vez, el informe presentado por la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, destacó que España podría crecer un 2,9% este año, colocándola a la cabeza del crecimiento entre las principales economías globales.
Si bien el FMI se percibe como una institución distante en el ámbito local, su análisis tiene un peso considerable a nivel global. Cabe recordar que sus informes se basan en datos que los propios países suministran. Así, si un gobierno informa que su economía va bien, el FMI lo refleja y, quizá, sugiera algún ajuste. No obstante, en el equipo del FMI hay expertos que consolidan grandes volúmenes de datos para ofrecer una visión global que suele ser menos divulgada y a la cual deberíamos prestar atención.
Este jueves, el FMI advirtió sobre el riesgo de un estancamiento global con bajo crecimiento y alto endeudamiento si los países no llevan a cabo reformas orientadas a una mayor liberalización y eficiencia de sus recursos. Según Georgieva, pese a la desaceleración de la inflación gracias al esfuerzo conjunto de los bancos centrales y una perspectiva de crecimiento global positiva, el desafío es mayúsculo: las economías dependen cada vez más de la deuda, lo que genera una montaña de pasivos que podría afectar tanto a los países con economías robustas como a los más vulnerables.
A nivel mundial, el FMI advierte que el crecimiento anual proyectado a mediano plazo es el más bajo en décadas y que el comercio global ha dejado de ser un motor de crecimiento tan relevante. Además, estima que la deuda pública podría superar los 100 billones de dólares este año, llegando al 100% del PIB mundial para 2030. Esto plantea interrogantes sobre el porqué de ciertas previsiones optimistas del FMI, dado que este crecimiento se basa en altos niveles de deuda.
En el caso de España, aunque el FMI proyecta un crecimiento económico de 2,9% para este año y de 2,1% en 2025 —cuatro veces la media europea—, el organismo advierte sobre ciertos problemas, como la alta tasa de paro, estimada en 11,6% para este año y 11,2% para el próximo, y la inflación en servicios, un sector crucial para la economía española. Con un turismo en auge, el país enfrenta el riesgo de perder competitividad debido al incremento de precios en servicios como hoteles y restaurantes, un problema que requiere ajustes urgentes.
La realidad es que la dependencia de la economía española en el turismo y el gasto público plantea riesgos a largo plazo. Desde la pandemia, el gasto público ha crecido considerablemente para mantener la economía y prevenir una crisis mayor, pero ahora el FMI enfatiza la necesidad de austeridad fiscal y reformas estructurales, dado que la deuda pública supera el 100% del PIB. El organismo prevé que el déficit fiscal se mantendrá en un 3%, lo que implica un gasto superior a los ingresos de unos 50.000 millones de euros, mientras que la deuda total asciende a 1,6 billones de euros. Esta nueva fase exige, según el FMI, un control estricto del gasto y una reducción del déficit, medidas necesarias para enfrentar futuras crisis.
En términos prácticos, el FMI subraya que el crecimiento global podría mantenerse, pero dependerá de una reestructuración del modelo de crecimiento económico que pase del gasto público al dinamismo del sector privado, que actualmente se encuentra debilitado y presionado por una alta carga impositiva. Esto se ha convertido en un desafío para el crecimiento industrial y tecnológico. Desde Bruselas, la recomendación para España es aumentar en 8.000 millones anuales la deuda actual, confiando en que la inflación y el crecimiento del PIB reduzcan la proporción de deuda, pero no el valor bruto.
Para afrontar los futuros desafíos, el FMI plantea la necesidad de estabilizar la deuda y fortalecer los ahorros fiscales, ya que se espera que en el futuro ocurran nuevos shocks económicos. Esto significa que el gasto público, que ha sido clave en el crecimiento reciente, deberá reducirse significativamente, mientras que se prevén incrementos en la carga impositiva. La advertencia del FMI sobre los riesgos geopolíticos globales también sugiere que la alta deuda de los países podría complicar su refinanciación en un escenario adverso, convirtiendo este crecimiento en una suerte de “crecimiento envenenado”.